miércoles, 15 de julio de 2009

la inocencia de un juego


Cuando era niño, jugaba a tatuar el sabor del lápiz labial en mi boca, a dibujar en mis ojos el atardecer y a polvorear mi rostro para quedar tan blanco como la luna. Es inútil, el lápiz labial se derretía en mi boca sin quedar ningún sabor u olor. Me pintaba tanto que mi rostro parecía un cuadro de arte abstracto sin siquiera parecerme un poco a ese astro anhelado y a la hora de polvearme quedaba tan blanco como zombie sin brillo de luna.
Pasa los años y la experiencia se fue acumulando. Ahora, con el movimiento delicado de un tango, impregno en mis labios la esencia del lápiz labial, dibujo con delicadeza, los rayos de mil soles acumulados en mis ojos y con una brocha que pinta sobre la tela de mi delicada piel, soy como Marte, con un par lunas girando en órbita de mi cara…

1 comentario:

  1. un extraño regalo para un extraña persona...

    besos y adelante con tus letras bubuluemo

    Miss Malerige Rupestrinski

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